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“A la caza de la sostenibilidad”, por Melania Ramos

Parecería que las empresas aún no internalizan lo que realmente implica ser sostenible.

En octubre fue lanzado el primer índice de sostenibilidad para el MILA: el Dow Jones Sustainability MILA Pacific Alliance, que sigue el desempeño de las empresas con las calificaciones de sostenibilidad más altas evaluadas por RobecoSAM para Chile, Colombia, México y el Perú en aspectos como códigos de conducta, gestión del medio ambiente y desarrollo de capital humano. Este índice tiene como objetivo impulsar la participación de estos mercados en estrategias de inversión ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG).

En un contexto con una clara tendencia de los inversionistas por incorporar estos criterios en las decisiones de inversión, este lanzamiento se presenta como una evidente ventaja para las empresas que lo componen. De acuerdo con el Forum for Sustainable and Responsible Investment, en EE.UU. el porcentaje de inversionistas que utilizan criterios ASG ha crecido 33% en los últimos dos años, llegando a representar US$8,72 billones en activos gestionados (AUM, por sus siglas en inglés). Esto significa que el 22% de los AUM en EE.UU. debe ser invertido en empresas que cumplan estos criterios, lo que representa una clara oportunidad.

¿El problema? El índice está compuesto por 42 empresas, de las cuales 17 son chilenas y solo dos son peruanas. ¿Cómo se explica la pobre participación peruana y la limitada reacción de los agentes de mercado ante esto?

En primer lugar, parecería que las empresas todavía no internalizan lo que realmente implica ser sostenible. No es únicamente “hacer las cosas bien”, sino que en el largo plazo reporta beneficios tangibles, tales como:

1. Mejorar la productividad, incrementar la retención de empleados, optimizar el uso de los recursos y reducir los costos.

2. Mejorar el manejo de los riesgos (e.g., ambientales y sociales) e incentivar la innovación de productos, lo que incrementa las ventajas competitivas.

3. Volver a las empresas más atractivas para el mercado de capitales, con un impacto directo en el costo con el que las empresas se pueden financiar o el precio que están dispuestos a pagar por ellas. Según una encuesta realizada a nivel global, los inversionistas institucionales que van a incorporar criterios de ASG se van a duplicar en los próximos dos años.

4. Mejorar la imagen de la empresa y su reputación. Las últimas encuestas demuestran que los consumidores prefieren productos elaborados por empresas que se preocupan por el medio ambiente y las comunidades.

En segundo lugar, la regulación peruana no es lo suficientemente estricta ante los incumplimientos. Para las empresas reguladas de la BVL se deben fijar estándares mínimos y penalidades acordes con cada falta de manera gradual, ya que estos cambios pueden representar costos adicionales o cambios estructurales en las empresas. A nivel global, las regulaciones ambientales son cada vez más estrictas, sobre todo en los países desarrollados y con una creciente presión hacia su cumplimiento.

Los reportes de sostenibilidad que exige la SMV son un buen paso para comenzar a medir el compromiso de las empresas que debe ser acompañado a nivel de sociedad. Si como ciudadanos no vemos los beneficios de, por ejemplo, reciclar y ahorrar energía, es comprensible que a nivel empresarial muchos tampoco lo vean.

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