El Consejo de Seguridad de la ONU alerta sobre las crecientes amenazas a la seguridad marítima
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se reunió el lunes para un debate crucial sobre seguridad marítima, destacando los crecientes desafíos que enfrentan las rutas marítimas globales en medio de tensiones geopolíticas, piratería y ciberamenazas emergentes. La sesión, presidida por el presidente panameño José Raúl Mulino, quien preside el Consejo de Seguridad durante agosto, reunió a los principales actores marítimos para abordar un sector que sigue siendo la columna vertebral del comercio mundial a pesar de las crecientes presiones.
Durante su discurso inaugural, Arsenio Domínguez, Secretario General de la Organización Marítima Internacional (OMI), destacó la importancia crucial de la industria marítima, señalando que “una fuerza laboral de solo 1,9 millones de marineros movió más de 12.300 millones de toneladas de mercancías” el año pasado, esencialmente “manteniendo a flote el comercio mundial”.
Si bien el sector marítimo ha demostrado una notable resiliencia frente a los desafíos geopolíticos, Domínguez advirtió que “la resiliencia no puede generar complacencia”, subrayando que “la seguridad del sector marítimo es fundamental para la estabilidad económica, el desarrollo marítimo sostenible y los medios de vida”.
Las amenazas que enfrenta el transporte marítimo son diversas y crecientes. Tan solo en 2024, se reportaron casi 150 incidentes de piratería y robo a mano armada, con focos como el Sudeste Asiático, el Océano Índico y África Occidental. Más allá de la piratería tradicional, los buques que transitan por el Mar Rojo han sufrido ataques relacionados con el conflicto de Gaza, mientras que el tráfico de drogas, especies en peligro de extinción y armas continúa proliferando.
El Secretario General de INTERPOL, Valdecy Urquiza, describió las rutas marítimas como «la primera red verdaderamente global del mundo», que ha conectado costas distantes durante milenios, pero advirtió que estas mismas redes son cada vez más explotadas por organizaciones criminales. Destacó la creciente preocupación por la «policriminalidad en el mar», lo que complica cada vez más la aplicación de la ley.
A medida que los puertos adoptan la digitalización mediante la gestión automatizada de buques y el seguimiento de la carga, ha surgido una nueva vulnerabilidad. «Los puertos se enfrentan a una ola de ciberintrusiones que afectan a los sistemas de energía, comunicación y logística de los que dependen», advirtió Urquiza, y añadió que «los ciberdelincuentes pueden utilizar la inteligencia artificial como arma para atacar con mayor velocidad, escala y precisión».
En respuesta, la OMI ha desarrollado requisitos obligatorios que incluyen el Código internacional para la protección de los buques y las instalaciones portuarias de 2004, los protocolos revisados de 2005 para la represión de actos ilícitos en el mar y requisitos de ciberseguridad para los sistemas de gestión de la seguridad. La organización también ha establecido alianzas con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, INTERPOL y entidades regionales para fortalecer las capacidades nacionales y generar confianza a través de las fronteras marítimas.
“La seguridad marítima y la protección ambiental van de la mano”, afirmó Domínguez. “Se está apoyando continuamente a los países para que desarrollen y mejoren sus capacidades de respuesta ante incidentes de contaminación marítima, incluidos los derivados de derrames de petróleo”.
El Consejo también escuchó a Ricaurte Vásquez Morales, director ejecutivo de la Autoridad del Canal de Panamá, quien compartió perspectivas sobre “uno de los canales más emblemáticos para la cooperación humana”. Destacó la neutralidad basada en principios del Canal como clave de su éxito: “El Canal de Panamá se rige por un tratado internacional que garantiza la igualdad de acceso a todas las naciones en tiempos de paz o de guerra”.
El Canal de Panamá, bajo administración panameña desde hace 25 años, ha experimentado un desarrollo significativo, incluyendo la finalización de un tercer juego de esclusas en 2016, que incrementó el volumen de carga en un 50%, manteniendo un tránsito anual de aproximadamente 13,500 buques. Vásquez Morales señaló que este logro se produce en medio de tensiones persistentes, con recientes desacuerdos de alto perfil entre Estados Unidos y China sobre la influencia en esta estratégica vía fluvial. El presidente estadounidense, Donald Trump, había criticado previamente la influencia china en el canal, llegando incluso a amenazar con «recuperar» la vía fluvial, afirmando falsamente que Pekín la controlaba; afirmaciones que el gobierno panameño ha rechazado firmemente.
La adaptación climática se ha convertido en otro objetivo crucial para el Canal, que sufrió una sequía significativa en los últimos dos años. Esta «llamada de atención global» impulsó iniciativas de conservación de agua, ajustes logísticos y la construcción de un lago artificial. «Hoy, el canal cuenta con tecnologías que fortalecen la resiliencia climática», informó Vásquez Morales, y agregó que «crea mecanismos financieros y garantiza la seguridad hídrica y ambiental, a la vez que implementa una gobernanza eficiente para aprovechar los rápidos avances en inteligencia artificial y colabora para fortalecer la ciberseguridad».
Al concluir el debate, Domínguez enfatizó que abordar los desafíos de la seguridad marítima requiere un enfoque multilateral: «Cuando las tensiones geopolíticas perturban el transporte marítimo y marineros inocentes pierden la vida, como hemos visto recientemente en la zona del Mar Rojo y durante 2024, la única salida es el diálogo constructivo. La seguridad marítima no es solo técnica, sino profundamente humana». Añadió: «El multilateralismo es clave aquí. La seguridad marítima es una responsabilidad compartida. El océano nos conecta a todos».
Mientras el transporte marítimo mundial continúa enfrentándose a amenazas cambiantes, desde la piratería hasta los ataques cibernéticos, y las vías fluviales estratégicas como el Canal de Panamá navegan por tensiones geopolíticas y desafíos climáticos, el debate del Consejo de Seguridad de la ONU subrayó que asegurar las rutas marítimas sigue siendo esencial no sólo para el comercio, sino también para la paz y la estabilidad mundiales.
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